Tenía razón Javier Martínez en dejar pasar la ola de críticas sobre su supuesta inacción ante la crecida de casos de Covid-19 en la ciudad y esperar que todos se decante por su propio peso. Así quedó en claro cuando la Provincia certificó que Pergamino continúa en Fase 3. Es decir que no hay una situación sanitaria que diste de lo que sucede en la mayoría de los distritos bonaerenses similares al nuestro.
Los concejales del Frente de Todos gritando de manera desaforada como si Pergamino fuese Chernobyl; operaciones mediáticas en la prensa nacional mostrando las cruces del Cementerio; militantes a sueldo sembrando el pánico por las redes sociales y un largo etcétera de críticas a la posición del intendente por no querer cerrar los comercios de la ciudad, fueron el común denominador en los días pasados.
Pero el propio Gobierno bonaerense, al mando de Axel Kicillof, terminó sentenciando que Pergamino no es lo que sus acólitos militantes quieren hacerle creer al país, sino que se trata de una ciudad que en materia de Covid padece, con matices, exactamente los mismos problemas que el resto de los distritos.
Querían que el intendente saltara al ruedo para después cargarle las responsabilidades de un asunto que, claramente, debe imputarse a las desprolijidades del Gobierno nacional en el manejo de una emergencia que le viene quedando demasiado grande. Y decimos desprolijidades por no entrar en el terreno de los privilegios de las vacunas ni la corrupción que subyace cada vez que una administración de tinte kirchnerista maneja alguna caja, por chica que sea.
Martínez es aperturista, quiere que los comerciantes de todos los rubros tengan la posibilidad de abrir sus puertas. Porque vio cómo el año pasado, durante la cuarentena eterna, muchos se fundieron y otros quedaron al borde del abismo. Y está convencido de que extremando los cuidados personales es la única manera de reducir el riesgo de contagio, en el ámbito que sea. Y tiene razón, porque nadie se contagió en un negocio de ropas, ni en una panadería en la medida que haya mantenido la distancia con el resto de las personas.
Lo que pasa en Pergamino pasa en todo el país: la virulencia del patógeno, la escasez de vacunas y el hartazgo causado por la cuarentena eterna produjeron esta segunda ola que ya pasó gran parte del mundo. Y tener los negocios y las escuelas cerradas no va a mejorar nada. Eso lo tenía en claro Martínez y el mismo Kicillof lo ratificó al dejar a la ciudad en Fase 3. Así el gobernador dejó en off side a sus militantes… cosas que pasan.
