“Responsabilizo a la justicia santiagueña si me sucede algo” Oscar Amato, productor de Sumampa, Santiago del Estero.
Oscar Amato es otra víctima de las usurpaciones del Mocase Vía Campesina. No se cansa de insistir con que lo único que quiere, es que “lo dejen trabajar”. Está harto. Esta vez, los usurpadores dispararon sobre él más de veinte balazos.
La comisaría 33 de Sumampa, a cargo del Sub comisario Wilson Isla, se resiste a realizar el peritaje. Amato superó su propio récord llegando a la denuncia número 40.
Pero como sucede en toda provincia feudal, quien le tomó la denuncia –el oficial Bustamante- se negó a entregarle la copia; ni siquiera le entregó una constancia.
Amato está harto de la burla de la justicia. Con cuarenta denuncias en cinco años, resistiendo como puede al robo de animales, la destrucción de corrales, alambrados y maquinarias; no consiguió que ningún fiscal haga su trabajo.
A esta altura, con cientos de víctimas relatando una y otra vez sus tragedias, tragedias que impactan social y económicamente en nuestra provincia, los funcionarios judiciales no logran levantar la mirada y atreverse a cumplir con su deber.
Los Fiscales Torresi, Saavedra, Nievas, González Garay… y la lista sigue. Todos tienen en su poder las escrituras del campo de Amato. Sin embargo, cada vez que es agredido él o su propiedad, le piden que presente las escrituras para que le puedan tomar la denuncia.
Parece una burla, y lo es. La justicia santiagueña tiene esa tarea: desgastar a las víctimas hasta que desistan de reclamar lo que les corresponde. Es un “modus operandi” entre funcionarios de todas las áreas. Cada vez se hace más evidente que necesitan el campo sin agricultores, para así, concentrar la tierra en pocas manos. Y esas manos, paradójicamente, son las manos que no conocen ni conocerán la tierra. Escribanos, abogados, diputados y jueces vienen alambrando campos fiscales y realizando prescripciones fraudulentas para adueñarse de miles de hectáreas con riego, tal como lo hace el Mocase Vía Campesina, solo que no las trabaja, las arrienda o siembra soja.
Algunos agricultores abandonan la lucha para preservar su vida y la de su familia. Los productores que tienen a cargo familias, también abandonan la pelea para que sus peones no sigan siendo golpeados.
Entonces ¿Cuál es el proyecto de país que han diseñado para contener a las familias agricultoras y crianceras que vienen siendo arrancados de raíz de su propia tierra?
Un proyecto de hacinamiento en los cordones urbanos, enfermedad y dependencia clientelar para fortalecer un feudo que se sostiene con dinero que no genera, y que invierte obscenamente en obras que apuntan al consumo de una elite, que ni siquiera vive en la provincia.
Asamblea en defensa de la vida rural
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