El licenciado en Gestión Ambiental, integrante de la Red de Humedales hizo un análisis profundo de la problemática que atañe a las islas del delta del río Paraná, la quema de pastizales, las actividades económicas, el rol del Estado, los funcionarios y Ley de Humedales. A continuación, algunos fragmentos de la entrevista que se puede escuchar entera en un link que publicamos en la nota.
“Lo que hay es una convivencia entre los sectores políticos que tienen que llevar adelante la gestión del territorio con algunos actores económicos que tienen intereses en profundizar y expandir distintas actividades en el delta. Se ha hecho en los últimos años un ingreso de actividades que, si bien forman parte de la cultura tradicional de la zona, es decir ganadería y agricultura, pero en los últimos años ha aumentado el nivel de tecnificación, se han cambiado las formas de hacer ganadería, se ha aumentado la intensidad de la carga en muchas zonas en un contexto de cambio climático. Entonces, en vez de adaptarnos a estos cambios usando los ecosistemas según el límite que tienen en la capacidad de soportar distintas actividades, por el contrario, estamos haciendo un uso cada vez más intensivo”.
“Hay un desmanejo que predispone a ciertas situaciones ilícitas en la zona del delta, todavía hay muchas tierras fiscales, lo cual es una buena noticia, porque la hipótesis es que lo que es de todos es mucho más sencillo que el Estado establezca reglas de usos y manejos ejemplares, porque no tiene que discutir esto con privados, y debería poder establecer la conservación y los planes de manejo en forma más sencilla. Pero ocurre todo lo contrario, se utilizan estas tierras como forma de hacer negocios con bajo nivel de inversión porque no tienen que comprarlas, solamente tienen que invertir en maquinarias y a todo lo que hace a la intervención directa; entonces hay una convivencia con estas actividades ilegales en tierras que son de todos. Si hay un problema en el delta durante años es porque no se quiere solucionar y gestionar”.
“Varios ambientalistas, académicos y demás, venimos planteando una Ley de Humedales como esquema de nueva gobernanza y nueva gestión de los humedales ante un contexto de cambio climático. Es decir, una ley que genere nuevos instrumentos de gestión ambiental para justamente mejorar la presencia del Estado, la participación ciudadana y también las reglas para los sectores productivos. Porque el sector productivo luego termina perdiendo plata por el accionar irresponsable de quienes quieren obtener la mayor ganancia en el menor tiempo posible. El enemigo no es el sector productivo, sino algunas empresas, personas que realizan actividades de determinada manera, que no son sustentables. Justamente, con la Ley de Humedales lo que planteamos son instrumentos de lo que se debe hacer: un ordenamiento territorial minucioso, un inventario de humedales, criterios de manejo, generar sistemas de monitoreo participativos y abiertos a la comunidad para salir de estas trampas que son una invitación a la excusa permanente”.
“Lo que nosotros plantemos son instrumentos concretos entre los que se encuentran un férreo lenguaje a favor de la participación ciudadana. Las leyes, si no hay voluntad política, no avanzan. Pero La voluntad política depende de una ciudadanía que interpele a los funcionarios. Si hay mayor claridad de lo que debe hacer cada funcionario, y qué se puede hacer y qué no se debe hacer en los humedales, y más herramientas para acceder a la información, a la participación, si hay obligación de audiencia pública para que se diga quién hace cada cosa, y se genere en base a criterios científicos un ordenamiento territorial, la ciudadanía aumenta sus herramientas para fiscalizar y torcer la voluntad política que sabemos que mágicamente no ocurre”.
“Obviamente también hay incendios accidentales. Hay que ver el patrón completo. Si luego de un foco de incendio, a las pocas semanas, hay presencia de vacas o están arando la tierra para el cultivo, claramente ahí hay causalidad y no causalidad. Se detecta muy fácil con imágenes satelitales, es un método sencillo; si se quisiera hacer un buen monitoreo y seguimiento se identifica quienes están realizando las acciones”.
“La ausencia del Estado en la gestión del territorio, porque después esas vacas o esos cultivos con fuego que se generó ilegalmente se comercializan en algún lugar. Pero, para comercializar, hay que tener determinadas cosas en regla: si se pusiera la legislación ambiental a la altura de la legislación de recaudación o de la burocracia de impuestos, no habría mucho de estos inconvenientes. Si no pudieras vender las vacas porque provienen de un campo quemado ilegalmente, seguramente habría una disminución de incendios”.
(El municipio) “Puede y debe llevar adelante acciones legales por afectación colectiva a la salud en perjuicio de sus habitantes. A nivel político, debería gestionar con más insistencia tanto al gobierno provincial como al nacional acciones necesarias para que esto no suceda. A su vez, realizar acciones más contundentes para ayudar a sancionar la Ley de Humedales. Es decir, con el mismo nivel de intensidad que se pone en las campañas para ser electos, para gestionar fondos para alguna obra pública, debería gestionarse para defender el medioambiente, debería ser prioridad. Si yo te digo que el mes que viene fulano va a prender fuego tu casa, no se el nombre y apellido del fulano, como está todo seco quiere usar tu terreno para otra cosa, ¿vas a sacar solo un Resolución? ¿O vas a hacer mil cosas para evitar que prendan fuego tu casa? Ese es el nivel de energía que se necesita de concejales e intendentes”.
Medición de la calidad del aire: “Hay dos métodos principales: uno que se hace con teledetección, con satélites, lo que infieren es información a través de la reflectancia de la luz solar sobre la superficie terrestre o sobre la atmósfera. En zona de concentración de humo o de distintos tipos de gases, la información que le devuelve la energía del sol que rebota en esos gases permite inferir la concentración de los mismos en la atmósfera”.
“Luego están los métodos de mediación más manuales que miden la concentración de dióxido o monóxido de carbono y otro gases o materias particuladas, se hacen in situ: en una esquina, o inclusive dentro de un ambiente como por ejemplo en industrias que por el proceso productivo hay peligro de que liberen gases tóxicos. Son dos métodos complementarios porque dan información a distinta escala. En la de los satélites también se generan modelos en base a temperatura, presión atmosférica: no es lo mismo el humo si el día está pesado a que si hay viento”.
“El municipio debería invertir, tampoco son aparatos no accesibles, para medir como está la calidad del aire in situ. Porque los modelos satelitales tienden a ser conservadores, los máximos y mínimos de los modelos de calidad de aire que accedemos a través de internet por información de satélites tienden a ser conservadores; in situ tienden a ser más elevados, es importante complementar las dos informaciones”.
