Hemos podido ver que son varios los problemas que el Gobierno ha debido afrontar en torno a uno de las situaciones más trascendentes, sino la más, para hacer frente a la pandemia por COVID-19, la vacuna.
Una cadena de errores conceptuales y estratégicos son responsables de haber llegado a una situación compleja, producto del incremento de casos, con especial repercusión en el AMBA. Un escenario que encuentra a la ciudadanía harta de restricciones e impedimentos muchas veces poco aplicables, con una impracticable “pseudoadaptación” del sistema educativo, con la temporada invernal por delante y con la muy preocupante situación de tener a la población de mayor riesgo sin la posibilidad de estar protegido, al menos de padecer cuadros graves, que es el fundamento de acción de la vacuna.
Las dificultades iniciales estuvieron asociadas básicamente a la falta de confianza en la vacuna Sputnik V, la “mejor” solución hallada por el Gobierno y a la impericia inicial demostrada a la hora de buscar y evaluar otras opciones disponibles a nivel mundial como por ejemplo la vacuna de Pfizer, de la que nunca se aclararon los motivos por los cuales no se logró acceder a la misma. Sumado a esto, específicamente en la Provincia de Buenos Aires y puntualmente en Pergamino, una inaudita situación que se generó con la decisión del Gobierno Provincial de violar los instrumentos habituales de gestión de las diferentes campañas de vacunación, promoviendo una estructura paralela de claro tinte político que incluyo a locales partidarios de La Cámpora y Nuevo Encuentro como centros de información acerca del plan de vacunas. Se prescindió de quienes habitualmente son los encargados de manejar la inmunización de la población a través de la red de atención primaria y los vacunatorios. Primer gran papelón.
No resuelta la circunstancia anterior, se hizo presente otro problema, una situación poco presentable que el Gobierno se tuvo que afrontar y asumir, los vacunados VIP. Una serie de mecanismos puestos a disposición de privilegiar a los amigos del poder en detrimento de las posibilidades de los ciudadanos comunes, que esperaban su turno para recibir la vacuna. Esto genero nada menos que la renuncia de la máxima autoridad sanitaria del país, el Ministro de Salud de la Nación, Ginés González García y parte de su equipo de trabajo. En reemplazo asumió quien fuera la máxima responsable de la gestión de compras de vacunas a Rusia, una gestión oculta, llena de incertidumbres y desinformación. Hoy la pandemia nos expone a la tan temida segunda ola de contagios, con un sistema de salud desgastado después de un año de incansable labor y con la mayor parte de la población sin haber recibido siquiera una dosis de la vacuna contra el COVID-19. Enfrentamos esta segunda ola, con la población más vulnerable (adultos mayores y personas con factores de riesgo) sin la protección que la vacuna propone. Con más miedo e incertidumbre que nunca. Los datos son elocuentes y preocupantes al mismo tiempo.
En el caso puntual de la Provincia de Buenos Aires el territorio más poblado del país (algo más de 16.000.000 de habitantes) y según fuentes oficiales (www.vacunate.gob.ar), al 31 de marzo de 2021 se ha vacunado a no mas del 8% de su población con al menos una dosis y al 1.5% con las dos. Esto equivale a 1.2 millones de personas con una sola dosis y apenas unas 260.000 con dos dosis de vacunas aplicadas. Extremadamente escaso. La Región Sanitaria IV a la cual pertenece Pergamino y el propio Partido de Pergamino, mantienen similares porcentajes de su población vacunada. No superando el 8% con una dosis ni al 3% con el esquema de vacunación completo. Dentro de estos números, se incluye al personal de salud, quien constituye el grupo prioritario promovido por el plan de vacunación. El mismo escenario se evidencia a lo largo y a lo ancho de todo el territorio de la Provincia de Buenos Aires, sin distinción política de los gobernantes de cada distrito. Oficialistas y opositores a la misma altura y con la misma carencia. Propios y extraños sufrimos en nuestros distritos de la preocupante y ya a esta altura inexplicable falta de vacunas. Los últimos días tiene al gobierno inmerso en un gran problema. Por un lado la enorme dificultad para acceder a un número adecuado de vacunas en tiempo y forma generado por una ineficiente gestión para la adquisición de las mismas que va más allá de la situación mundial, sírvase el caso de países como Chile que han podido ejecutar un plan digno, con gran parte de su población vacunada. Sumado a esto el exponencial incremento de casos con la consecuente ocupación del sistema de salud. Todas estas situaciones fueron advertidas, todos los planteos fueron hechos en todos los ámbitos, técnicos, legislativos, gubernamentales e incluso en medios de comunicación. No fuimos tenidos en cuenta. Hemos escuchado por parte de las máximas autoridades pedir ayuda, casi como una burla. Hoy los de mayor riesgo, los más vulnerables se encuentran en una angustiante espera, nuestros padres y abuelos, en listas de espera para vacunas que no están, en una situación que no distinguen territorio ni gobernantes, que solo expone una preocupante cadena de errores por parte del Gobierno Nacional y Provincial a la hora de gestionar “El plan de vacunación más importante de la historia”.
(Por Matías Villeta, Concejal Juntos por el Cambio)
